La riqueza de las redes 2: democracia y justicia distributiva

Nota: artículo largo (1400 palabras, ~7 min).

Para cualquiera de los lectores de MM, en particular para los que contribuyen contenido a la Web a través de blogs o redes sociales, decir que Internet tiene un efecto democratizador en las sociedades es repetir algo obvio. Además de poner a nuestra disposición una vasta cantidad de información, Internet permite a cualquier persona u organización publicar información y llegar a una audiencia potencialmente enorme.

En "La Riqueza de las Redes", Yochai Benkler estudia el aspecto democratizador de Internet, contestando a las visiones más pesimistas que existen al respecto, y que consideran que Internet es demasiado caótica, o demasiado centralizada, o demasiado inaccesible, como para contribuír a una nueva forma de hacer democracia. También discute la brecha digital y las oportunidades para los países en desarrollo.

¿Mucho caos o mucha centralización?

La primera objeción es que, si todos pueden hablar, entonces nadie puede ser oído. Esto significa que el contenido de la Web puede terminar siendo una cacofonía incomprensible y sin valor, en que nada es inteligible dada la sobrecarga de información. Otra consecuencia negativa es que el discurso puede fragmentarse al punto de que cada uno sólo escucha a la micro-comunidad a la que pertenece, creándose comunidades de opinión cerradas y auto-referentes.

La segunda objeción es en cierto aspecto, opuesta: Internet sigue siendo un medio de comunicación en que la audiencia está fuertemente concentrada. Todas las estadísticas de uso de Internet apuntan a que los usuarios pasan la mayor parte de su tiempo en un pequeño grupo de sitios.

La respuesta de Benkler a estas objeciones se fundamenta en la topología de la Web. La Web es una red libre de escala, de diámetro pequeño, y con presencia de comunidades (scale-free, small-diameter/small-world, clustered). El hecho de que sea libre de escala implica que hay sitios que reciben cantidades enormes de atención. El hecho de que tenga un diámetro pequeño implica que la información no necesita pasar por muchas manos para llegar de un punto a otro. El hecho de que tenga comunidades y sub-comunidades muestra que gente con intereses comunes puede encontrarse e interactuar intensamente.

Internet puede ayudar a las democracias desarrolladas

Antes de la masificación de Internet, una parte importante del flujo de influencia iba "de arriba hacia abajo". Dadas las altas barreras de entrada para establecer un medio de comunicación masivos, la propiedad de los medios de comunicación masivos está fuertemente concentrada. Además, debido a las restricciones de espacio (en los periódicos) y de tiempo (en la radio y la televisión), editorialmente los medios masivos deben apuntar a un mínimo común interés de las personas. No a lo que es muy relevante, sino a lo que es al menos medianamente relevante para un grupo grande de personas (la consecuencia es 1/2 hora de fútbol en los noticiarios, por ejemplo).

La información en la Web, en cambio, fluye en gran medida de abajo hacia arriba, y comienza en personas que tienen un interés real y cerrcano respecto a lo que están escribiendo:

la comunicación en los medios producidos por pares comienza con una motivación intrínseca —escribir o comentar algo que a uno le importa— comienza con lo opuesto del mínimo común denominador. Comienza con lo que te más te afecta a tí, el que contribuye el contenido. Esto es, en el mundo político, análogo a lo que postula Eric Raymond de que cada proyecto de software libre comienza con un programador que tiene una comezón/picazón que rascarse.

Luego, si el tema es considerado relevante por los pares que están en la misma comunidad de sitios en que el original es publicado, es "promovido" (enlazado) hacia sitios de mayor visibilidad. Esto depende de la relevancia del escrito como también de la credibilidad que tenga, lo que es posible debido a que en la Web la costumbre es enlazar/incluír las fuentes originales cuando se busca credibilidad. Esto genera un proceso de acreditación y filtrado que es fundamentalmente descentralizado, y por lo tanto, mucho más resistente a la manipulación.

Por cierto que hay excepciones. Una son los países en que los ciudadanos/súbditos simplemente no pueden tener Internet, como Corea del Norte. Otra son los países en que los sitios "peligrosos" como la Wikipedia o la BBC son restringidos total o parcialmente, como en China. Pero en democracia es muy difícil evitar que la información se propague. Casos como el de Diebold (que reclamó sin éxito que e-mails internos en que se discutían las debilidades de sus máquinas de votación electrónica, estaban cubiertos por derechos de autor y no debían ser publicados por Wired), o el de Telus (un proveedor canadiense de internet por cable que bloqueó el sitio del sindicato de trabajadores de telecomunicaciones para que sus suscriptores no pudieran accesarlo), entre otros, han demostrado repetidamente que una vez que el genio sale de la botella, no hay cómo ponerlo de vuelta.

Internet puede ayudar a las economías emergentes

Internet no sólo tiene un impacto político sobre las democracias desarrolladas. De la misma manera, muchos esperan que tenga un impacto sobre los países en desarrollo, aunque otros se muestran más escépticos:

Sin agua potable, alfabetismo, gobiernos que medianamente funcionen, y la adopción universal en la práctica del compromiso de tratar a todos los seres humanos como merecedores de la misma consideración, la novedosa sociedad basada en Internet tendrá poco efecto en los miles de millones de personas que viven en la pobreza, sea en el mundo rico, o más urgente y profundamente, en las economías pobres y de ingresos medios.

Esta es parte de la objeción que se ha presentado a numerosos proyectos digitales incluyendo Un Computador por Niño. Pero la información y el conocimiento también son factores productivos que permiten mejorar la productividad de los países, así como la salud y alimentación de su población y sus condiciones de trabajo.

Para que las economías emergentes se beneficien, se necesitan ciertas condiciones

El problema es que hay una parte de los bienes de información a los que los países pobres no tienen acceso. Esa parte es la que se basa solamente en esquemas de propiedad intelectual excluyentes, y que es la parte principal en el caso de ciertas industrias, como el caso de las farmacéuticas.

[20 millones] de adolescentes estadounidenses pueden pagar más por un nuevo remedio para el acné que [66 millones] de africanos amenazados por la malaria y que necesitan una vacuna. Un sistema que esté basado con demasiado énfasis en modelos propietarios de administrar la producción e intercambio de información es injusto porque está a favor de generar pequeños incrementos de bienestar para la gente que puede pagar mucho por mejoras incrementales en su bienestar; pero está en contra de proveer grandes incrementos de bienestar para la gente que no puede pagar algo que necesita.

Respecto a ésto Benkler enfatiza un aspecto que es a menudo el origen de malas interpretaciones:

No hay nada malvado en una compañía farmacéutica que es responsable frente a sus accionistas, e invierte en aquello que genera más ganancias [...] Si hay inmoralidad esta puede encontrarse en el sistema político y legal que se apoya fuertemente en el sistema de patentes para descubrir y desarrollar medicamentos, y que no crea formas de financiamiento y organización de la investigación biomédica que permita resolver problemas que no pueden ser resueltos solamente por el arrastre del mercado.

Parte de la respuesta está en la reforma del sistema de patentes, algo urgente que se exige fuertemente desde la academia y la industria; y que iría en beneficio del sistema de producción de conocimiento en general, y de los países más pobres en particular. Otra parte está en arreglárselas dentro de éste sistema legal, con iniciativas como PIPRA y BIOS, con la creación de software libre, con el desarrollo de ingeniería y textos de estudio libres, entre otras iniciativas.

Ciudadanía activa

Una conclusión respecto a estos temas es que son los mismo ciudadanos los que deben involucrarse en la discusión política y legal que está dando forma a la Internet del futuro. Una gran parte de las leyes han sido, en la práctica, escritas por las industrias y por unos pocos que han buscado beneficio para sí mismos; pocas leyes sobre Internet han buscado lo mejor para la sociedad en su conjunto.

Todos tenemos que involucrarnos en este proceso. Primero, para que las libertades que se han ganado en Internet no se pierdan y continúen expandiéndose. Segundo, para que el sistema legal permita nuevas formas de producción que puedan llevar bienestar a todo el mundo.

Fuente: The Wealth of Networks, por Yochai Benkler. Yale University Press, Mayo 2006, 528 págs. Fotos: Simon Oosterman @ Flickr (CC), R. Motti @ Flickr (CC).

Ver también: La riqueza de las redes I: aspectos económicos.

Sin votos aún

Comentarios

Foto de Sebastián Palacios

¿Existe una versión del libro de Benkler traducida al español?

Hola, me parecen muy interesantes los artículos sobre "La Riqueza delas Redes", pero quisiera leer el libro completo. El problema es que no encuentro una versión del mismo en español, y aunque me preparo para encarar el trabajo de realizar yo mismo la traducción....de verdad preferiría conseguirla por otros medios. Muchas gracias. Hasta luego.

Foto de ChaTo

Algunos capítulos traducidos

En todo caso hay enlaces a algunos capítulos traducidos aquí http://cyber.law.harvard.edu/wealth_of_networks/Translations

ChaTo

Enviar un comentario

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.
  • HTML permitido: <a> <em> <strong> <pre> <ul> <ol> <li> <img> <blockquote> <br> <div> <h2> <h3> <hr> <object> <embed>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato