Hemos visto en el último tiempo a muchos intelectuales y académicos apoyando y mostrando su simpatía por las protestas estudiantiles, occupy wall street, las protestas contra la ley SOPA, PIPA, entre otros. Todos estos movimientos protestan contra la usurpación de lo común: lo común en la educación, lo común en la producción de conocimientos, lo común en la producción biotecnológica, en fin, la privatización de lo que se considera común a la humanidad y que así debería quedar. Sin embargo, los principios que guían estos movimientos ¿han modificado en algo la práctica académica de producción y transmisión de conocimientos?. Muy poco diría yo…
En este comentario, que tiene dos partes, me voy a centrar específicamente en la práctica de las humanidades, donde la gran mayoría de sus disciplinas han ejercido históricamente una función crítica. Por otro lado, son las disciplinas que más se han visto afectadas con el modelo universitario actual, uno que cada vez más se ve influenciado por la racionalidad económica y política del neoliberalismo. Sin embargo, es totalmente extensible a todas las áreas del conocimiento.