La originalidad como resultado de la actividad creativa de una mente individual ha sido la norma de la literatura durante siglos. Sin embargo, ¿Qué pasa si pensamos la literatura como el producto de una comunidad creativa, donde las ideas son reelaboraciones de lo que otros ya han creado? La literatura entonces debería ser entendida como una forma de creación colectiva, de colaboración, donde las ideas no son propiedad de nadie. Así, la figura del autor constituye una barrera para el proceso creativo.
La creación a partir de lo producido por otros no es nueva. Por ejemplo, Julio Cortázar ya decía: “No me acuerdo, cómo podría acordarme de ese diálogo. Pero fue así, lo escribo escuchándolo, o lo invento copiándolo, o lo copio inventándolo. Preguntarse de paso si no será eso la literatura". En Jorge Luis Borges también encontramos la idea de la reescritura, donde es imposible encontrar un original porque este no existe. Al reescribir una idea, una novela, un poema, nunca, diría Borges, el resultado va a ser el mismo. No existen dos obras idénticas, aunque provengan de la misma idea.