
Imagina una estudiante brasileña de post doctorado que quiere curar la Malaria. Supongamos que se llama Joana. Ella sabe que no podría hacer su trabajo en Brasil con el mismo impacto que tendría en los Estados Unidos o en Europa (ella no tendría el acceso a los recursos, o el nivel de acceso a las publicaciones, herramientas y colaboraciones) por lo tanto se une a la legión de científicos expatriados en Boston. Ella es extraordinariamente talentosa, y muy afortunada. Obtiene una prestigiosa Beca y encuentra un cupo en Harvard.
Ella trabaja en una proteína llamada glycophorin A. Una parte esencial para entender cómo la malaria infecta las células de la sangre. Joana chequea un repositorio académico bien grande y encuentra casi 2000 papers con glycophorin A. El 50% de overhead de su beca del National Institute of Health, combinado con las becas de otros investigadores de allí, es suficiente para pagar por una biblioteca de elite con suscripciones a todos los Journals. Por lo tanto, al menos puede leerlos. Sin embargo hay miles de científicos y potenciales científicos alrededor del mundo que no pueden acceder a este material como lo hace ella, y tanto Joana como el resto del mundo pierden colaboradores potenciales...